El Pozo de Arán III

Publicado en por Teru Castillo

-En serio, quiero que me respondas con total sinceridad -. Él asintió-. ¿Por qué me sigues? No me conoces, no sabes a dónde voy ni a qué voy o a qué he venido. ¿Estás tratando de robarme la joya (que por cierto dámela ya) o intentas… matarme?

-No te voy a dar la joya hasta que no lleguemos a nuestro destino para que no me huyas y no, no intento matarte ni robarte ni nada por el estilo… A decir verdad mi vida es una mierda, un completo aburrimiento. Vi a una chica preciosa entrar en la tienda y me decidí a hablar con ella. La chica al parecer tenía problemas y necesitaba mi ayuda y decidí pasar de todo e irme con ella a ver qué nos deparaba el futuro… ¿Te sirve?

-No mucho. De todos modos no puedes venir conmigo. Quédate en Bilbao, empieza allí una nueva vida. Veo que llevas dinero así que no tendrás problemas. Tienes experiencia en trabajos (supongo) así que no te costará encontrar uno y… si te hace feliz prometo llamarte cuando llegue a casa si me das tu número, ¿sí?

-¿Y qué te parece si en vez de empezar en Bilbao lo hago en Islandia? No puedo dejarte marchar. Lo creas o no, me gustas mucho, creo que hasta me he enamorado de ti, no puedo dejarte marchar sin probar tus labios y sin saber si volveremos a vernos -. Las palabras de Paul la tranquilizaron y por un segundo le hicieron pensar que quizá no tendría ningún problema al llevarlo con ella. De todos modos ella era libre de hacer lo que quisiera mientras sus acciones no pusieran en peligro a Arán…

Entre pensamientos se quedó dormida en su hombro, fingiendo que nunca había pensado eso último ya que era una locura… Sus mundos no eran los mismos, ella tenía una misión que cumplir que, aunque llevaba años lejos de casa, acababa de empezar, no podía dejarse ligar a alguien que no pertenecía a su mundo y que a penas acababa de conocer… Además ella ya tenía alguien en Arán esperándola, su futuro prometido, el aburrido de Matrew, era casi un deber el casarse con el… Se prometió a si misma que cuando todo acabara lo volvería a ver. ¿Cómo? Ni ella lo sabía, pero era una promesa y la pensaba cumplir.

Paul la despertó con suavidad una hora y media antes de partir y, ya en el avión, él aprovechó para dormir durante las cuatro horas que les esperaban de viaje ya que había bastante “tráfico aéreo”. Ella prefirió no pensar, ¿para qué calentarse tanto la cabeza? Ya pensaría algo que hacer con Paul antes de llegar a casa, ahora no le quedaba otra que intentar relajarse y pensar en lo que le esperaba, la vuelta a casa. Era un lujo el pensar en pasar un par de meses en casa. Llevaba fuera un par de años y echaba mucho de menos a sus padres, su familia, su pueblo… Deseaba tanto volver a Arán, volver a respirar su aire lejos de la contaminación, bañarse desnuda en el río por la noche, sentarse bajo un árbol a leer, cantar en la taberna de su tío…

Era ya media tarde cuando ella paró delante del puerto y, volviéndose a Paul, que iba detrás con unas bolsas, dijo:

-Bueno, aquí se acaba nuestro viaje, ha sido un placer conocerte, gracias por tu ayuda, dame las bolsas -. Ella se las quitó de las manos -. Dame la joya y… espero que algún día nos volvamos a ver. Adiós.

-Anabel, no creas que te voy a dejar marchar, no me pienso separar de ti, voy a ser tu sombra.

-Pues yo avisaré a la policía.

-¿Y conseguir un escándalo? Claro, por si acaso alguna de tus perseguidoras te ha seguido hasta aquí, tú indícales dónde estás.

-Pero, ¿por qué ese empeño en seguirme donde voy? -. Ella ya estaba irritada

-Por que eres un misterio y me fascinan los misterios, tú me fascinas -. Él se le acercó e intentó besarla pero ella se apartó.

-¿Qué haces? ¿Y si estoy casada? Déjame ya, no sabes nada de mí ni deberías saberlo. Pensaba hacerlo por las buenas pero tendré que robarte a la fuerza la joya que, por cierto, es mía por que la he pagado, y me largaré y nunca nos volveremos a ver, que te den, ¿vale?

-Te pones preciosa cuando te enfadas, ahora me gustas más. Anda no te enfades -. Añadió al ver que ella iba a soltar una sarta de palabras-.Déjame acompañarte a Islandia, te prometo que allí nos separaremos y no sabré dónde vives ni nada más sobre ti, eso sí, pero me permitirás verte y…

-Tengo novio.

-¿Crees que me importa?

-Estoy prometida.

-¿Y?

-¡Paul!

-Ni siquiera me llamo Paul, es Pablo.

-Y yo tampoco me llamo Anabel ¿y? -. Antes de que él dijera nada sobre la doble mentira que le había dicho de su nombre añadió -. Está bien, ven conmigo. Pero págate tú el billete y… prométeme que al llegar a nuestro destino nos separaremos y no me buscarás ni nada.

-No me puedes hacer esto -. Mientras Paul hablaba ella echó a andar para comprar el ticket del barco -. Cada segundo que pasa me gustas más…

Ella le dirigió una mirada asesina pero sonrió para sus adentros: al menos el viaje nocturno iba a ser entretenido…

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