No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas

Publicado en por Teru Castillo

No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas

Me niego a quererte.

Me escapo de ti.

Pero la gravedad con su ley

Me hace volver a caer.

Y ahí estás,

Tan cerca otra vez

Que tengo que huir.

Oh, vaya…

SINOPSIS

Si estás leyendo estas líneas es que te ha llamado la atención el título. ¿Te gustaría decírselo a alguien? ¿Serías capaz de decírtelo a ti mismo?

Y lo más importante: ¿te gustaría mantener durante un buen rato la sonrisa que se te ha quedado en la cara? Pues esta es tu novela.

Te podríamos contar con más o menos gracia de qué va la cosa, para que te hicieras una idea: que si la protagonista, Sara, es muy maja, que si tiene un trabajo muy interesante (es plumista, ¿a que nunca lo habías oído?), que si es un pelín obsesiva y alérgica a los sobresaltos…

Por supuesto, la vida se le complica y se encuentra con que su piso se convierte en una especie de camarote de los hermanos Marx cuando en la misma semana se meten a vivir con ella su padre deprimido, su hermana rebelde y su excéntrico prometido y, sobre todo, el novio al que lleva mucho tiempo sin ver…

Pero mejor no te lo contamos porque te gustará leerlo. Lo único que necesitas saber es que, desde el título, te garantizamos unas cuantas horas de descacharrante diversión como hacía tiempo que no disfrutabas.

 

Empecé a leer No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas casi tres años después de su publicación, después de que se convirtiera en un efímero fenómeno y después de que dejara de estar disponible en los cines. Una amiga se lo dejó a otra y se desternillaban de risa comentando diferentes escenas o aspectos del libro. Obviamente, yo también quería experimentarlo.

Hasta bien avanzado el capítulo 3 no empecé a engancharme, la persona que me lo dejó me dijo que apenas había leído nada, que enseguida me empezaría a reír y me enamoraría. Sin embargo, eso no ha sucedido.

Me gusta. El libro es agradable, atrayente  y acompaña bastante a una tarde en un banco leyendo. No voy a negar que me haya sonsacado alguna sonrisa. Sin embargo, como me dijo una vez un profesor, en mi opinión, es un libro pasatiempo. Lo lees, lo pasas bien y lo dejas olvidado en tu biblioteca por mucho tiempo, no te aporta nada a tu vida y… eso es raro ya que yo siempre me llevo una parte de los libros para mí.

El karma siempre ha jugado un papel importante en mi vida y, quien me conozca, sabrá que es cierto. Pero también, el hecho de que como bien dice Sara una vez: “Qué mal karma ni que mal karma, yo, que soy gilipollas, (…). Pero es lo que me pasa siempre, que soy gilipollas “. Y parafraseando un poco “No hace falta decir nada más”.

Hablando de Sara… por más que lo he intentado, no le he cogido cariño a nuestra protagonista. No tengo nada en contra de ella, pero no me inspira mucho afecto, es más, con Roberto, con esa sosería y esos aires de “me da un poco igual todo” me he encariñado en seguida. Quizá si hubiese leído este libro un poco más joven me hubiese reído a carcajadas y enamorado de todos y cada uno de los personajes, sobre todo de Aarón, el personaje predilecto.

Y China… China es una locura sin sentido. Desde que Sara se planta en el avión hasta que vuelve a casa. Aunque empiezan a contextualizarse las cosas con Roberto, lo que sucede me parece bastante surrealista. Ahí ha sido cuando he empezado a pensar que quizá no era el personaje que yo pensaba, no obstante, sigue siendo mi favorito. Una vez Sara vuelve a España la novela se vuelve más tranquila y realista, los personajes (a su manera) comienzan a ponerse en su sitio y normalizar la situación. La escena del videoclip me gusta, sin embargo, no la he vivido con toda la emoción con la que podría haberlo hecho ya que claro, no he podido encariñarme con Aarón.

No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas es una novela entretenida, que te provoca en ocasiones una sonrisa pero, la verdad esperaba un poco más al ver el éxito rotundo que ha alcanzado. No obstante, tengo pendiente la película y la segunda parte Ante todo mucho karma. A pesar del sabor agridulce que me ha dejado esta historia, tengo curiosidad, y ganas de dar otra oportunidad a Sara y compañía.

Saludos!

No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas. Laura Norton

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