El Pozo de Arán II

Publicado en por Teru Castillo

Dentro había una especie de taller bastante amplio donde un par de jóvenes hablaban hasta que los vieron entrar. Se callaron y los miraron como si pretendieran saber qué se tenían esos dos entre manos.

-No les hagas caso -. Dijo el muchacho y entró en una especie de probador (un amplio rincón tapado por una cortina). Ella se sorprendió al ver allí una escalera y un hueco en el techo que cuando el muchacho lo abrió se dio cuenta que daba a la calle.

-¡Oh!-. Sólo pudo decir.

-Por aquí se sale al callejón de atrás de la joyería. Espérame un segundo que te acompaño.

-¡No! Tengo que ir sola. Gracias, pero será mejor que me des la joya y te olvides de esto, ¿sí?

-No. Te voy a ayudar porque esas dos, creo que se han dado cuenta de que no estás.

-Pero…

-Oye, no todos los días se presenta en una joyería una damisela tan guapa en apuros -. Los dos sonrieron, pero cuando ella se dio cuenta le dijo:

-He pagado la joya, dámela y punto.

-¿Eres caza tesoros o qué?-antes de que ella contestara él ya había vuelto a la tienda.

Ella no sabía qué hacer, ya había sido demasiado complicado el llegar allí y encontrar la joya antes de que se la robaran, como para ahora cargar con un guapo alicantino muy pesado. Pero en fin, dicen que todo el mundo necesita alguna vez ayuda, y si esa era su vez, a pesar de su condición de guerrera, no la iba a rechazar. De todos modos cogería un avión hacia el norte y de allí un barco hacia Islandia para llegar a las islas de Arán tal como decían las instrucciones que le habían dado y ella pensaba que él no sería tan tonto como para querer seguirla. Una cara bonita no daba para tanto.

-Vamos -. Dijo el muchacho cuando apareció. La verdad es que estaba mucho mejor sin ese uniforme extraño.

Salieron a la calle, bajaron unos metros y volvieron a la calle principal. Era una vía bastante larga en donde tenían que conseguir un taxi que la llevara al aeropuerto. Cuando el taxi paró él se metió dentro antes de que ella dijera nada.

-¿Cuál es tu nombre? -. Le preguntó ella para romper el hielo.

-Pablo -. Respondió.

-¿Te importa si te llamo Paul? Me es más familiar ya que vivo en el norte y… –. Al darse cuenta del error que acababa de cometer diciéndole a Paul su procedencia se golpeó la cabeza con la mano.

-¿Pasa algo?

-No debí decirte de donde soy.

-¿Por? Así nos podemos ir conociendo. Yo nací aquí hace unos veinti…

-¡Yo no quiero conocerte!-. Su reacción fue tan violenta que tuvo que sincerarse para calmar la situación-. Bueno, no es que no quiera, pero no debo. Ahora no, pero quizá nos volvamos a encontrar en otro momento y podamos hablar y, no sé, conocernos… -. Los dos sonrieron -. Será mejor que le digas al taxista donde te quieres bajar antes de que lleguemos al aeropuerto.

-Yo voy donde tú vayas.

-Pero si voy a Islandia. ¿Estás loco o qué? Ni siquiera me conoces, podría ser una asesina o… algo peor -. Ella no entendía por qué él iba a cometer la enorme estupidez de seguirla sin tener idea de quién era, pero de todas formas no iba a permitir que él descubriera donde se dirigía. Le agradecía mucho el haberla ayudado e incluso llegó un momento a agradecer su compañía, pero eso no era motivo suficiente para dejarlo acompañarle, además, ¿y si el asesino era él? ¿Y si era un psicópata o un violador?

Le miró y la idea de que él pudiera hacerle daño se esfumó al ver su sonrisa.

-Es un riesgo que estoy dispuesto a cometer -. Dijo él dejando que a ella le consumiera una efímera rabia seguida de rubor.

-Pero, ¿por qué? Venir conmigo solo te traerá problemas. Cuando lleguemos al aeropuerto te quedas en el taxi y te vas a tu casa, ¿entendido?

-¿Crees en el amor a primero vista? -. Le preguntó él con un gesto perverso.

-No

-Pues yo sí, y creo que en este momento lo estoy experimentando.

-Ya hemos llegado. Me bajo aquí. Tú no lo hagas. Espero que no nos volvamos a ver.

-En el fondo no quieres que me vaya, necesitas a alguien a tu lado y ese soy yo.

-No -. Ella estaba al borde de la desesperación pero él no le hizo caso y bajó del taxi, le pagó al taxista (cosa que ella intentó evitar pero no logró) y se internaron juntos en el aeropuerto dejándole a ella con la esperanza de perderlo entre toda la gente que había.

Ella compró un billete hacia Bilbao y él, a pesar de que ella intentó evitarlo, hizo lo mismo. El avión no partía hasta cuatro horas después cosa que hizo que por unos momentos ella agradeciera la presencia de Paul.

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